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04/12/2018 El último informe de WWF sobre biodiversidad alerta: la población animal desciende vertiginosamente de forma irreversible.


Etiquetas: Biodiversidad

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«La economía no tiene en cuenta el planeta en que vivimos». Así de tajante de mostraba Kate Raworth, académica de la Universidad de Oxford, en una entrevista reciente a Ethic. La autora de Economía rosquilla, un ensayo cuya repercusión le ha llevado al mismísimo Foro Económico Mundial a defender sus teorías, reivindica que la medición del crecimiento de un país deje de limitarse a la curva del PIB, e incluya otros factores sostenibles, entre ellos, la pérdida de biodiversidad.

El último informe de WWF Aena, Planeta vivo, demuestra la urgencia de esta medida: en las últimas tres décadas, la población mundial de vertebrados (peces, aves, mamíferos, anfibios y reptiles) ha disminuido un 60%. «A diferencia de la polución atmosférica y el calentamiento global, las especies que desaparecen no tiene reversión posible. Si queremos detener esta pérdida de biodiversidad, el camino es claro: modificar nuestra forma de consumir. Consumir menos», ha explicado el director de Conservación de WWF España, Enrique Segovia, quien ha presentado el estudio en un acto oficiado por Ecovidrio, durante el Congreso Nacional del Medio Ambiente. Una vez más, se demuestra que las pautas macroeconómicas chocan frontalmente con la defensa de la biodiversidad: no hay ni un solo país en el mundo que se plantee reducir su consumo interno, otro de los indicadores tradicionales de prosperidad.

La biodiversidad es, hoy por hoy, un concepto difuso para muchos. Pocos ven en ella el sustrato que mantiene un equilibrio al que también pertenece al ser humano. «Nos provee de materias primas, agua, alimentos, medicinas y energía. Nos da protección de inundaciones, tormentas y erosión. Comprender los sistemas naturales es fundamental para mantener nuestra sociedad humana moderna. Y sin embargo, consumimos recursos sin control», explican desde la ONG, y advierten: «Como si tuviéramos a nuestra disposición 1,7 veces el planeta Tierra».

Una situación que se agudizará este siglo con el previsible aumento de población, y su concentración en núcleos urbanos. «Las ciudades son las grandes consumidoras de biodiversidad. Las medidas deberían empezar por ahí», ha apuntado Segovia, y ha añadido: «Lo que es cada vez más evidente es que la economía, el desarrollo humano y el bienestar, dependen de sistemas naturales sanos, y que no podemos seguir disfrutando del primero sin los segundos».

Junto al aumento de población, hay otros indicadores que han aumentado de manera exponencial en el siglo pasado y en lo que llevamos de este: el consumo de fertilizantes, de carne o de agua, la producción de papel, el uso de energía primaria o el turismo, son algunas de las realidades contemporáneas que estrechan el cerco a la biodiversidad. La caza, la pesca, la agricultura masiva, la edificación descontrolada, la polución y el cambio climático causan la progresiva acidificación de los océanos, el ascenso de la temperatura de la superficie terrestre, el aumento de gases nocivos como el metano, el dióxido de carbono y el óxido nitroso, la deforestación (con especial incidencia en los bosques tropicales) y, en definitiva, la degradación de la biosfera terrestre. Todos estos factores revierten en una dramática amenaza para las especies y ecosistemas que conforman nuestra biodiversidad.

«Los expertos dicen que, para abastecer a toda la población de aquí a finales de siglo, tendremos que duplicar la producción. No estoy de acuerdo en absoluto», ha opinado Segovia, y ha dado datos incontestables: «Tenemos más de 700 millones de desnutridos, y casi el doble de obesos en el mundo. Y desperdiciamos, cada año, el 30% de los alimentos que producimos. Lo que tenemos que hacer es optimizar nuestro sistema de producción, y moderar el consumo. Porque esto último, se nos ha ido de las manos».

El portavoz de WWF Aena ha cerrado el acto con una nota optimista. «Aún estamos a tiempo de recuperar biodiversidad. Hay ejemplos como el lince ibérico: en los últimos 20 años, hemos logrado que pase de 100 a 600 ejemplares. Y tenemos casos muy cercanos como el río Manzanares: desde que, gracias a la labor de Ecologistas en Acción, lo han dejado fluir de nuevo, sobre su propio lecho, se ha convertido en un vergel». Y ha concluido con una máxima inapelable: «Si no llega a un punto crítico, la naturaleza tiene una capacidad increíble para regenerarse».

Fuente: https://ethic.es


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